Ya está en marcha la construcción de la biblioteca de El Aaiún. Para que podamos pagar esta nueva construcción y para que podamos ponerla a funcionar contratando a dos bibliotecarios, necesitamos recaudar fondos. Por ello, vamos a crear un espacio en esta nueva biblioteca en el que se podrá escribir un mensaje para el pueblo saharaui, que quedará para siempre impreso en una pared y en sus corazones. http://www.bubisher.org/tu-palabra-cuenta/Gracias por tanto como aportas a este proyecto.
Las bibliotecas y bibliobuses de Bubisher son un oasis para las personas saharauis que viven en los campamentos (Tindouf- Argelia). El acceso a otras realidades a través de los libros, las obras de teatro y charlas que ellos mismos organizan les permite olvidarse de la realidad de sus vidas. Ya han abierto cinco bibliotecas donde ellos mismos son quienes las gestionan y deciden qué quieren hacer ¡Ayúdales a mantenerlas!
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14/03/2014
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http://www.bubisher.org/
UNA HISTORIA DE AMOR A LOS LIBROS Y A LA BIBLIOTECA
Todo comenzó con un anuncio de trabajo que, al principio, no tomé demasiado en serio. Hacía poco tiempo que había regresado de una experiencia laboral exigente que me dejó con una sensación de agotamiento profesional, por lo que volver a trabajar no formaba parte de mis planes para ese invierno.
Sin embargo, pensé en algo importante: no debemos olvidar los campamentos ni a nuestros niños y niñas. Además, esta oportunidad estaba relacionada con los libros y con un lugar que había formado parte de mi vida desde que tenía apenas ocho años. El Bubisher no era un espacio desconocido para mí; era un lugar que me había acogido durante mi infancia, donde descubrí historias, conocimientos y una pasión por la lectura que me acompaña hasta hoy.
Los comienzos no fueron fáciles. Adaptarme a las responsabilidades diarias y a los retos del trabajo requirió esfuerzo y constancia. Pero poco a poco, las risas de los niños comenzaron a llenar la biblioteca. Ver cómo regresaban cada día, cómo desarrollaban cariño por los libros y cómo encontraban en ese espacio un lugar seguro y agradable, se convirtió en una fuente de motivación. Su entusiasmo era suficiente para levantarme cada mañana y abrir las puertas de la biblioteca con ilusión.
A lo largo de este año intenté aprovechar cada oportunidad para leer, aprender y compartir. Leí tantos libros como me fue posible y hablé de la biblioteca en las redes sociales porque considero que merece ser conocida y valorada. Creo firmemente que una biblioteca no es solo un lugar para guardar libros; es un espacio que acoge la curiosidad, alimenta las preguntas y ofrece oportunidades de crecimiento tanto a los niños como a los adultos.
Esta experiencia me permitió devolver una pequeña parte de todo lo que la biblioteca me ofreció cuando era niña. También reforzó mi convicción de que la lectura y la cultura pueden generar cambios reales en las personas y en la comunidad, incluso en contextos donde los recursos son escasos.
Gracias, bubisher . Desde 2011 hasta hoy, me has abierto tus brazos y has acogido tanto las travesuras de mi infancia como los sueños y las aspiraciones de mi juventud.
Mimi Hama, bibliotecaria Bubisher de Smara
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ME GUSTA LA FRUTA
¡Qué sano es comer fruta, cuántas vitaminas! A,B,C y K, todo un alfabeto de ellas. Pero las frutas de los niños del BUBISHER son especiales: una es una mezcla de melón, naranja y galleta María, riquísima, le proporciona al niño una mirada inocente y traviesa a la vez, como si estuviera pensando solo me queda una, y me la voy a comer yo solito. La otra, en cambio, es una fruta muy especial, es una fruta grande y muy refrescante, muy jugosa y dulce, llena de agua, baja en calorías y rica en vitaminas A y C, en potasio y antioxidantes. Y tiene una propiedad muy especial, casi mágica, se puede comer pero también se puede pensar, soñar, dibujar y llevar como bandera, tiene el don de la solidaridad; cuando una la ve, con esos colores tan vivos, nos recuerda lugares donde la fruta está prohibida. Bueno, la fruta y la vida. La niña que sonríe con esa rodaja mágica de sandía es hermana de todas esas niñas palestinas que ya no pueden comer sandía. Su sonrisa es para los que cortan la fruta cuando está en su máximo esplendor como una advertencia, les está diciendo a esos hijos de la gran fruta que su energía y sus ganas de vivir se las han transmitido todos esos niños y niñas palestinas con las que comparte sandía y bandera, les está desafiando a seguir sonriendo a pesar de todo, a convertirse en una mujer capaz de todo, a seguir dibujando sandías y soles, y flores, y mañanas sin genocidas ni asesinos de niños. Con un cuento y una sonrisa como fusil; la munición está en nuestras bibliotecas.
Tengo yo un conocido en Portugal que me ha dicho que en nuestras bibliotecas, junto a los jardines, se refugia la utopía.
Tengo yo también una conocida en Madrid a la que le gusta mucho la fruta, pero está podrida. No precisamente la fruta.
Javier Bonet
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Publication date
14/03/2014
Field
Children and Youth
Education
International Cooperation
Country
Spain