Ya están funcionado las cinco bibliotecas y bibliobuses del Bubisher. 25 jóvenes saharauis hacen posible que en la durísima hamada, niños jóvenes y adultos puedan disfrutar de la lectura en espacios llenos de luz. Pero para que ellos puedan seguir haciendo su trabajo, necesitamos financiar sus sueldos (130 € al mes, cada uno). Y para ello, necesitamos tu ayuda. Con 1€ al mes, estarás contribuyendo a mantener estos 25 puestos de trabajo.
Las bibliotecas Bubisher significan muchísimo para los refugiados saharauis. Es la oportunidad de salir de su realidad a través de los libros. Es tener momentos de ocio y cultura que les hace volar. Es la oportunidad de un futuro mejor para los niños y niñas. Es dar un trabajo digno a las 27 personas que trabajan y autogestionan las bibliotecas.Bubisher tiene abiertas 5 bibliotecas y 5 bibliobuses. Cada sueldo de un trabajador son 130€. Estamos muy cerca de conseguir pagar el sueldo de cuatro trabajadores con los euros de los Teamers. ¿Te unes al Grupo Teaming de Bubisher con 1€ al mes para mantener las bibliotecas y dar un respiro a los refugiados saharauis?
Publicado el
14/03/2014
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http://www.bubisher.org/
TRES LECTURAS.
Las cuatro niñas leen con los ojos, incluso con los dedos, los versos de un libro de poemas. Las palabras que un día depositó el poeta en su página en blanco han viajado en el tiempo y en el espacio para llegar a esa alfombra mágica que suaviza la dureza del pedregal en el que viven, y que ahora es menos duro. La palabra, trascendida, tiene ahora otro significado.
Sobre sus cabezas, la rueda de un Land Rover, el camello del siglo XX, desgastada por la rugosa inmensidad del desierto. A lo largo de su vida no ha leído caminos, los ha inventado, los ha dibujado en la nada inmensa de la hamada. Cinco tornillos la sujetan al eje del coche, del camello mecanizado, que es lo mismo que decir que la sujetan a toda la sabiduría de los cocineros del desierto, de los que cocinan con el sol como infiernillo, los ancianos depositarios de la ancestral sabiduría.
Y al lado de las niñas, los pies de otra que tal vez dibuja fuera de foco una jaima y una palmera. Pies tan sabios como los de su bisabuelo nómada, porque al caminar desnudos trascienden el suelo y lo convierten en un inmenso libro de historia.
Y mucho menos visibles aún, dos pares de sandalias pequeñas, minúsculas, pero que ayudan a caminar, como metáforas de las bibliotecas en las que encontraron ese libro de poemas. A las que las llevó ese neumático desgastado y sabio, a las que llevan esos pies desnudos y limpios, cada día, debajo de cada nuevo sol, soñando con la luna nueva del poema.
Gonzalo Moure
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ME GUSTA LA FRUTA
¡Qué sano es comer fruta, cuántas vitaminas! A,B,C y K, todo un alfabeto de ellas. Pero las frutas de los niños del BUBISHER son especiales: una es una mezcla de melón, naranja y galleta María, riquísima, le proporciona al niño una mirada inocente y traviesa a la vez, como si estuviera pensando solo me queda una, y me la voy a comer yo solito. La otra, en cambio, es una fruta muy especial, es una fruta grande y muy refrescante, muy jugosa y dulce, llena de agua, baja en calorías y rica en vitaminas A y C, en potasio y antioxidantes. Y tiene una propiedad muy especial, casi mágica, se puede comer pero también se puede pensar, soñar, dibujar y llevar como bandera, tiene el don de la solidaridad; cuando una la ve, con esos colores tan vivos, nos recuerda lugares donde la fruta está prohibida. Bueno, la fruta y la vida. La niña que sonríe con esa rodaja mágica de sandía es hermana de todas esas niñas palestinas que ya no pueden comer sandía. Su sonrisa es para los que cortan la fruta cuando está en su máximo esplendor como una advertencia, les está diciendo a esos hijos de la gran fruta que su energía y sus ganas de vivir se las han transmitido todos esos niños y niñas palestinas con las que comparte sandía y bandera, les está desafiando a seguir sonriendo a pesar de todo, a convertirse en una mujer capaz de todo, a seguir dibujando sandías y soles, y flores, y mañanas sin genocidas ni asesinos de niños. Con un cuento y una sonrisa como fusil; la munición está en nuestras bibliotecas.
Tengo yo un conocido en Portugal que me ha dicho que en nuestras bibliotecas, junto a los jardines, se refugia la utopía.
Tengo yo también una conocida en Madrid a la que le gusta mucho la fruta, pero está podrida. No precisamente la fruta.
Javier Bonet
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Fecha de publicación
14/03/2014
Ámbito
Cooperación Internacional
Educación
Infancia y Juventud
País
España