Somos la Asociación ALPI, formada por familias que se mueven por las personas con discapacidad intelectual, para dar respuestas a sus necesidades presentes y futuras. Estamos ubicados en la ciudad de l’Hospitalet de Llobregat, BCN, desde 1968. Impulsamos diferentes servicios: Centro Ocupacional, Centro Especial de Empleo y Hogar Residencia. Nos mueve la integración en el entorno social y por ello promovemos diferentes proyectos. Ahora estamos especialmente preocupados por la viabilidad del CEE.
En ALPI acompañamos cada día a más de 100 personas con discapacidad intelectual. Trabajamos por su inclusión social y laboral, creando espacios donde puedan aprender, crecer y sentirse valoradas. Uno de esos espacios es el CEE. Allí, la productividad y la creatividad se convierten en cerámica, que es una herramienta para conseguir un salario que dignifica el esfuerzo de estas personas y da a conocer sus capacidades. ¿Por qué es tan importante este proyecto para nosotros? Porque en ALPI la artesanía no es solo una actividad manual. Es inclusión. Es formación. Es autoestima. Es empleo. Con la comercialización de estas piezas, sostenemos el proyecto: compramos materiales, mejoramos procesos y generamos nuevas oportunidades. Para ello necesitamos tu pequeño empujón. Queremos comprar otro horno de cerámica que nos permita atender a determinados pedidos de forma más ágil y hacer un uso más eficiente de los recursos. Con tu ayuda, seguiremos creando, construyendo oportunidades reales.
Publicado el
23/07/2025
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Página web:
https://www.asociacionalpi.es/es/
Fecha de publicación
23/07/2025
Creado por
ASOCIACIÓN ALPI AAS
Tipo de Grupo
ONG
Ámbito
Discapacidad
Educación
Artesanía
País
España
Provincia
Barcelona
Teamer
30/07/2026 13:32 h
Como desumanizamos los barrios.. “Cuando el respeto desaparece”
Mi barrio, Pubilla Casas, Hospitalet de Llobregat, Barcelona
El barrio antes era otra cosa. Era un lugar donde la convivencia era sagrada, donde el respeto era ley, donde cada portal tenía alma y cada vecino tenía nombre. Hoy, vivir allí no se lo deseo a nadie. Los precios de las viviendas de finales de los 70 llevaron a los que nos íbamos casando a dejar el barrio.
Sin nosotros el barrio perdió lo que nos mantuvo unidos durante años.
El respeto, el compañerismo y la convivencia eran los pilares donde se asentaba. El mal que pudieras hacer te llevaba a ser un apestado como si tuvieras la lepra.
El respeto al barrio te daba una satisfacción propia de seguridad; en él podías caminar a todas horas sin preocupación alguna.
Entrar en los barrios sin conocer a alguien no era nada seguro.
Los novios de algunas no se despedían en el portal, porque el portal era territorio del barrio, no de cualquiera. Era una forma de sentirnos libres, de saber que ese trozo de mundo era nuestro, que cualquiera podía entrar si venía en compañía de alguien del barrio. Eso lo hacía partícipe del mismo porque, aunque fuera del más lejano, allí compartían las mismas normas de respeto y convivencia.
Hoy, cuando bajo al barrio, me subo con unas ganas inmensas de tristeza. No por nostalgia, sino por dolor. Porque si no sabes valorar dónde vives, tu vida pierde sentido. Los barrios sabían que se les cuidaba como a una madre. Si le pierdes el respeto, no esperes que el respeto vuelva a ti ni que te alimente de bienestar.
Una persona sin respeto no es más que un animal sediento de su propio odio y mal hacer.
. `Posdata
Viendo los montes y casas arder y las respuestas mayoritarias a la solución. Me pregunto si esa solución no sería la de los barrios. Limpiar los montes no es menos que limpiar los barrios. Los barrios matan a mucha más gente que los incendios al año.
Si los delitos suben y las penas no les siguen en la subida, llegará un momento en que se comerán al barrio del todo. Todavía hay esperanza.
La gente me puede decir por qué. Nos marchamos, dejando espacio con ello a que otra gente viniera a ocupar el barrio. Solo puedo decir que los precios de las viviendas del barrio a finales de los 70 nos echaron de él, convirtiéndonos en la diáspora del mismo.
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